Diferencias entre el hormigón y el cemento

arena a granel

Diferencias entre el hormigón y el cemento

arena a granel

En nuestro catálogo, además de arena a granel, tenemos muchos otros materiales de construcción. Por ejemplo, cemento. ¿Sabes en qué se diferencia del hormigón? Lo vemos en las siguientes líneas. 

La principal diferencia entre el hormigón y el cemento es que el segundo es un componente del primero. El hormigón es un material compuesto de agua, unos agregados y cemento. Por su parte, el cemento es un polvo muy fino compuesto de caliza (carbonato cálcico) y otros minerales. Estos absorben el agua y actúan de aglomerante de los agregados del hormigón. Estos son la grava, la gravilla y la arena. La mezcla de agua, cemento y arena, sin más añadidos, es el mortero. 

Para que nos quede aún más clara la diferencia, tenemos que recordar que el cemento de Olima se puede emplear como material de construcción por sí sólo. En cambio, el hormigón no se puede hacer sin cemento.

La composición del cemento

El cemento se fabrica con caliza, arcilla, hierro y otros minerales. La mezcla se calienta a aproximadamente 1.4000 – 1.500 ºC para obtener un producto conocido como clinker, parecido al mármol. Este se muele con el yeso y el resultado es un polvo de color gris muy fino: el cemento. Cuando este se mezcla con agua u otro solvente obtenemos una pasta maleable que, al secarse, adquiere una consistencia pétrea. 

Los componentes del cemento son de los más abundantes en la Tierra y además son reciclables. 

El cemento Portland

Existen varios tipos de cemento. El más utilizado es el Portland. Está compuesto de arcilla y caliza y es un cemento hidráulico. Es decir, al mezclarlo con agua se produce una reacción química y se endurece.

En definitiva, el hormigón es un material de mampostería y sus agregados más habituales son piedra triturada, roca y arena. En cuanto al cemento, su proporción oscila entre el 10 y el 15%. De hecho, las propiedades del hormigón dependen de la proporción de cemento, agregados y agua. La más importante es esta última. Por ejemplo, si echamos poca será muy difícil mezclar los componentes del hormigón y trabajarlo y si es demasiada se debilitará el producto final.